zurück

Poda extrema 2017-11-29

Ir al resumen

El cielo azul se extiende sobre Peiting en Alta Baviera. El viento sopla moderadamente. Las condiciones de vuelo perfectas para Philipp Dejakom. El piloto se sienta en la cabina del helicóptero, con la parte superior del cuerpo inclinada hacia el abultamiento de la puerta de burbujas. Su mirada se dirige a la profundidad, a la sierra suspendida, que corta ramas de hasta 25 centímetros de grosor a unos 30 metros por debajo de él. Su rostro muestra la máxima concentración, todos los sentidos están agudizados. ¿De dónde sopla el viento? ¿Cómo se comportan el helicóptero y la herramienta? La experiencia y la sensación deciden en qué dirección mueve el bastón para guiar la máquina cerca de una línea eléctrica y la sierra de ocho metros de largo cuidadosamente hacia arriba y hacia abajo. Su único apoyo: el copiloto, que vigila los instrumentos, y un hombre situado en el suelo, que le describe la situación por micrófono. No se trata de un truco, sino de un método económico para aliviar la tensión de las vías y evitar así los apagones.

Un sueño hecho realidad
Philipp Dejakom tuvo el deseo de convertirse en piloto después de realizar una excursión en helicóptero. En 1998, lo hizo realidad con una formación en California. Allí era más barato que en su país natal, Austria, y también prometía más aventuras. Cuando regresó de nuevo y tras adquirir la licencia de vuelo austriaca, ya no había nada que lo detuviera.

Philipp Dejakom vuela sin y con carga externa, ya sea para misiones de rescate, para suministrar refugios de montaña o para transportar materiales de construcción para ascensores a las montañas. Adora la variedad y la emoción. Por esta razón, solo dudó brevemente cuando su patrón buscó un piloto experimentado que se atreviese a realizar la difícil maniobra con una sierra de alrededor de 500 kilogramos de peso. “El primer vuelo fue muy tenso, pero con la rutina uno se va relajando más”, reflexiona con una sonrisa Philipp Dejakom, de 40 años. Ahora tiene ya más de 6.000 horas de vuelo, de las cuales unas 400 las ha dedicado a la tala de árboles.

Pero a pesar de toda la experiencia, la concentración nunca debe disminuir durante una misión. Aunque la electricidad del tramo a trabajar está desconectada, una línea aserrada retrasaría mucho el trabajo y supondría costes adicionales para los clientes, en su mayoría, empresas energéticas de Alemania, Austria y Suiza. Además, una sierra enredada pone en peligro la vida de los pilotos y debe ser lanzada en cuestión de segundos con la ayuda de una empuñadura. Una situación de la que Philipp Dejakom se ha salvado hasta ahora. También es necesario tener un poco de suerte.

Antes de la salida se realiza la comprobación
Cada operación es planeada concienzudamente, la situación climática se observa durante días. Sin embargo, Philipp Dejakom solo decide sobre el terreno si va a volar. Un buen piloto conoce sus límites. Si la niebla es demasiado baja o predomina viento lateral demasiado fuerte, es demasiado peligroso. Sin embargo, a Philipp Dejakom tampoco le gusta la falta de viento: “Los árboles se balancean de un lado a otro a través de la corriente del rotor. Esto dificulta el aserrado”. De lo contrario, el viento de frente, la lluvia o incluso una ligera nevada molestan menos. El helicóptero del modelo SA 315 B Lama es extremadamente robusto y fácil de maniobrar. Siempre y cuando la tecnología haga su papel: también es inspeccionada concienzudamente.

Y por supuesto con la sierra. Diez sierras circulares de metal duro con un diámetro de 55 centímetros se colocan una detrás de la otra. Es crucial que el par se ajuste con precisión y que las hojas tengan suficiente mordisco. Está propulsada por un motor de dos tiempos de 48 CV. La sierra se fija al suelo del helicóptero con la ayuda de tubos de aluminio atornillados de seis metros de longitud, las denominadas eslingas, y un gancho. Un cable dentro del tubo permite el control y asegura la sierra adicionalmente. Hay casi 30 litros de combustible en el tubo por encima de la sierra. Es suficiente para unas dos horas. Si se dan las circunstancias adecuadas, Philipp Dejakom puede aserrar una franja de hasta cuatro kilómetros durante este tiempo. A modo de comparación: cinco trabajadores forestales con sierras de mano y escaleras necesitarían dos semanas y costarían casi el doble.

En el momento en el que se debe volver a repostar la sierra y se deben reajustar las sierras, el piloto necesita también urgentemente una pausa. La postura irregular y la constante mirada hacia abajo son extremadamente extenuantes a nivel físico. La concentración también está disminuyendo. Por eso, Philipp Dejakom tiene que recuperar todas sus fuerzas para el delicado momento del aterrizaje. Con mucha destreza, para la sierra sobre el remolque de transporte. Presiona con cuidado el pitch hacia abajo y baja la herramienta paso a paso hasta que el hombre del suelo pueda engancharla al soporte. Philipp Dejakom vuela en un gran arco hacia atrás y baja el arnés con cuidado. A continuación, aterriza. Apaga los rotores. Se saca el casco. Respira. ¿Y luego? “Primero un trago y después un estiramiento”.

 

Crédito de la fotografía: Wucher Helikopter / Huber Karl

Contacto de prensa

Ingo Wolf
Marketing Services
Correo electrónico i.wolf@vollmer-group.com
Dirección Ehinger Straße 34 // 88400 Biberach/Riß